viernes, 13 de septiembre de 2013

Hija de la Tierra

                             Hoy quiero resumir en una página todo un libro de historias. Tu libro. Parece complicado dedicarte algo cada año, pero es realmente sencillo, porque día a día me das anécdotas, datos, fechas, nombres, y yo solo debo hilarlos. Hoy quiero hablar de una diosa, bueno, de una diosa no, porque no existen. Digamos que hablamos de un superhombre, una supermujer de Nietzsche. No pretendas encerrarla porque es aire, a veces brisa a veces tornado, pero nunca fija. Cada estación se mueve, guiada por su propio pensamiento, tan complejo y meticuloso que es imposible descifrarlo en una noche de cervezas. No pretendas tenerla, no es de nadie, es hija de la Tierra, es una Moira, al menos para mí, ella puede cortar mi hilo de la vida ya que yo mismo le entregué las tijeras ciegamente y lo volvería a hacer, sin dudas, sin resentimientos, sin echarme atrás. Hace de mí un hombre, aterrado, celoso y humano. Aterrado de perderla, celoso por compartirla y humano por amarla. Debo comprender que es hija de la Tierra, que debo ceder su esencia a los demás aunque a veces la quemen, tan resistente como las pinturas de Altamira, eternas por toda la Historia. Nadie la hundirá jamás, porque si alguien consigue fracturar su espíritu, yo estaré allí para recordarle que jamás un rendido ha logrado cambiar el mundo. Y se levantará una vez más, la conozco, sé que lo hará.

                 Generosa, como debe ser, como marca su destino como hija de la Tierra. Cuánto más quiere, más da. Ni siquiera se lo plantea ¿puede la gente apreciar un gesto tan altruista? A veces ni siquiera yo lo aprecio, pero es tan humano, tan gentil y humilde que sin saberlo desprende una luz que hipnotiza y guía a todo aquel que la conoce hacía una nueva manera de ver la vida. Curiosa, hasta tal punto que la lleva a conocer más y más, sin parar. Sin tener un fin, no pondrá límite a su conocimiento y eso le llevará a no tener límites en su camino. Nos queda mucho por recorrer, pequeña diosa, quiero decir supermujer, pero voy a apretarte tan fuerte la mano que no te hará daño, sino que te dará calor y refugio cuando lo necesites, mientras tanto, solo me quedaré caminando a tu lado. Hemos conseguido un punto en nuestra relación que es hermoso y desquiciante a la vez, como un Ying, como un Yang, luz y oscuridad. Nos queremos tanto que nos aborrecemos, pero he aprendido que eso no es malo, que es parte del proceso, que no seremos una pareja placa-placa, que seremos humanos, mundanos e imperfectos. Déjame enseñarte toda la vida que nos queda por delante, hija de la Tierra. Permíteme que me refugie en tu risa cada segundo que esta nace, porque es un milagro, no religioso, sino humano. Yo disfrutaré de cada contacto de tus dedos por mi piel, recorriendo los puertos que solo tú sabes recorrer. Deja que visite cada trabajo que tengas, para darte apoyo cuando te agobies, para frenarte cuando quieras cargar contra el mundo, para hacerte entender que lo que vale la pena se refugia en rincones de mucha mierda. Quiero luchar contigo, no por ninguna causa mundial, sino por una causa personal: crecer. Juntos. Tener hijos y que digan  tita Ocío. Volvernos treintañeros y mirar atrás para reírnos de lo estúpidos que fuimos. Pasar muchos Años Nuevos, donde no importa que haya pasado, se olvidará, se consumirá en el papel del facundo que fumemos. Ahora que eres un año más sabia, hija de la Tierra, deberás esperarme a que yo me convierta en un año más estúpido, para poder mirarme y entenderlo, entenderlo todo, comprender que contigo todo es más difícil, pero que sin ti, todo es imposible. Feliz cumpleaños. Queriéndote siempre; tu Paco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario