lunes, 12 de septiembre de 2011

Monologo

Primero susurro, después farfullo, luego sollozo, al final grito... Entonces cuando ya desespero, súbitamente surge la palabra, el verbo. Es un momento feliz. Pero cuando la leo se ha fugado, ya no es ella, es otra, tan imprecisa, equivocada, limitada. Pienso que no vale la pena perseguirla, esperarla detrás de las esquinas; que lo mejor es abandonar el empeño. Pero cuando mas aletargado estoy una ráfaga me dispara. Es como el aviso del vómito y no me queda mas que soltar y soltar hasta las miasmas. Lo releo con la ironía en mis labios. Parece un poema.  Otros días me siento en los bancos a la escucha de las parejas de novios, o persigo por las escaleras mecánicas de los grandes almacenes a las señoras llenas de bultos que sujetan con cuidado a sus niños. No importa que quiera ser una grabadora, aquellos diálogos que escribo siempre han dejado de ser la verdad que persigo.
Por mi padre sé que no voy a ser nadie, por eso quiero ser todo el mundo.

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