En estos tres años, he estado buscando un motivo para quedarme, una razón para permanecer en mi sitio, atento, callado, aplicado y constante. El secreto es que nunca conseguí darle sentido a lo que hacía, y si estaba aprovechando el tiempo o no. Por cada baldosa que pisaba, me atacaban las dudas. No vales, ni lo intentes, ¿a dónde crees que vas a llegar? Serás un don nadie el resto de tu vida. Esas voces no eran imaginaciones, eran subconscientes de personas que consideraba lejanas pero que están tan cerca de mí que puedo oír su ansia por verme fracasar.
Y tienen razón. Es cierto, puedo caer, puedo hundirme, puede que no levante jamás el vuelo, que ni siquiera salga de España o de Murcia, o que definitivamente no tenga el duende que hay que llevar dentro.
Pero, ¿sabes qué? No es cuestión de futuro, no es cuestión de talento o proyectos. Es amor, y conforme lo escribo lo comprendo. Ha sido y será siempre el amor lo que me mantenga firme en un barco que no puede flotar. Amo lo que hago, bailar, cantar, actuar, equivocarme, fracasar, lograrlo. Las quejas, los halagos, los abandonos, la soledad, todo eso son herramientas que tengo que usar, que voy a poder utilizar cuando quiera, porque me estáis dando cada vez más fortaleza, para no quebrarme nunca y para tener recursos hasta el día del juicio. Sois mis pesas y mi colchoneta a la vez, sois compañeros, algunos hasta podrían ser amigos, pero sobre todo, por encima de cualquier circunstancia, sois mis creadores, veros me hace mejorar, superaros me hará grande y no cesaré hasta veros desde mi hombro.
Este es el último intento para conseguirlo, una oportunidad que no pienso desaprovechar, me brindaís un esfuerzo final, y no pienso defraudaros. Gracias por hacer de mí un actor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario