Solo me encuentro yo, delante de una maleta vacía de ropa pero llena de ideales, nunca me había atrevido a cerrarla hasta el día de hoy, cuando por fin has decidido dejarme libre. Por fin te diste cuenta de que lo nuestro no era felicidad, era conformismo y miedo. No era sano para ti, para mí ni siquiera para el mundo. Contaminamos la ciudad con lo que pensamos que era amor, pero por fin has decidido dejar de fabricar sueños que no existen, y realidades que no podrían pensarse en sueños.
Y cuando te deje atrás, podré realizar las metas imposibles que me marqué de joven, cuando estaba ilusionado, cuando pensaba en apartamentos de una habitación con cama individual y una taza de desayuno, dos por si una estaba sucia. No conté contigo en mis planes de futuro, y ahora me enorgullezco de haberlo hecho. Siempre pensamos la vida en pareja, pero nunca la concebimos para uno mismo, algo tan esencial y básico que obviamos porque pensamos que es fácil.
Pero ahora, cuando te deje atrás, dibujaré un nuevo camino en un lienzo totalmente en blanco, venderé la galería que cuenta nuestra historia y con ello pagaré un billete para mi felicidad. Me lo merezco, te lo debes.
Tengo miedo a vivir solo, he perdido práctica, pero tengo prioridades, yo soy la primera, aunque nunca haya querido darme cuenta.

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