martes, 1 de enero de 2013

capítulo 1.

    Ese día la noche y la mañana decidieron revolcarse juntas dejando paso a una estancia de vigilia eterna, donde el sueño vence a las ganas de quedarse despierto, pero el cerebro sigue luchando por ganar esa guerra. Parece que la luna se marchó ya y el Sol se ha quedado a recoger los restos que han dejado de mi cuerpo apaleado y magullado por un ataque de nervios. Hoy iba a ser el día, hoy. ¿Cómo dormirme si parece que hoy se va a decidir el resto de mi vida? La ropa ya estaba colocada, vestirme solo me llevaría.. ¿qué? ¿un minuto? Luego estaba el tema del desayuno, paso a la cocina y mi madre ya lo tenía preparado. Ella tampoco podía dormir. "es que una madre sufre más por un hijo que el propio hijo", me suele decir casi siempre. Las tostadas ya estaban embadurnadas en mantequilla y mermelada de fresa. La culpabilidad hizo que me comiera una y dos bocados de la otra, pero mi estómago hoy no estaba por la labor de ayudar. ¿Por qué?¿ Por qué cuánto más ayuda necesitas de todo tu organismo, más te da la espalda? Las ocho y media de la mañana. Las acciones del pueblo continuaban como si ese día no estuviera pasando nada importante, me sentí hasta ofendido. Entonces cogí mi mochila, el tabaco , mis fuerzas, me recompuse y salí con una lágrima en los ojos camino de la victoria o la derrota, de las dos caras de la moneda, y de esa lección que siempre nos enseñan que se puede ganar y se puede perder. Ese día yo no quería perder, me habría dado igual cualquier otro, pero ese día no. La gente no quiere perder nunca, pero es curioso, la usamos más veces que la palabra ganar. El autobús alargaba cada kilómetro , todo era eterno. El viaje, las paradas, los semáforos, la gente entrando, saliendo, la música de mis cascos... Menos mal que la realidad dicta que el viaje es media hora, que pude aguantar como buenamente pude. Me bajé, empecé a andar hacía lo que parecía el tesoro de los incas, lo que a mí me resultó como la cueva de las maravillas. En ese momento no lo supe, pero el oro que relucía en mi excesiva imaginación era la chapa que tapaba todo el espesor y la negrura de la realidad. Ese día , justo ese día, sin que yo lo supiera, comenzaba mi primer día en mi escuela de interpretación, interpretación musical.

Aunque está sin pulir , y es solo un boceto, aquí dejo, para mis lectores (que son muy pocos, pero siempre con una sonrisa) lo que sería la primera página del primer capítulo del nuevo libro que voy a intentar escribir. "Al alcance de unos pocos...". espero que os guste. 

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